“El sombrero está ahora muy de moda y es tendencia”

Afincada en Torrelavega, esta mujer alegre y resuelta decidió hace casi tres años dar el salto a la capital para abrir la única sombrerería que actualmente existe en Cantabria gracias, en buena parte, a la amistad que junto a su marido, José Bustamante, mantienen con los Albero, la familia valenciana que fundara esta marca en 1820 y que también da nombre a su tienda, aunque aclara que no funcionan como franquicia. Rodeada de sombreros, gorras, gorros, viseras, boinas y pamelas, reivindica la vigencia de este complemento entre un público cada vez más heterogéneo y juvenil y sostiene que lo más importante la hora de elegir un artículo es que las personas lleven al sombrero, no el sombrero a la persona.


“En general, existe un desconocimiento en torno al uso del sombrero. Aunque afortunadamente está empezando a cambiar, hasta ahora muchas personas pensaban que era una prenda clásica y casi exclusivamente para gente mayor”

“Espero que algún día las personas se den cuenta de que el comercio de cercanía es lo más importante que van a tener. Contribuimos a mantener las calles limpias e iluminadas y a dar vida al centro de las ciudades”

“Los sombreros no entienden de género. Si acaso la mujer lo hace más por moda y estilo, mientras que el hombre suele hacerlo principalmente por temas de protección”


Pregunta.– Hay quien sostiene que los sombreros son esculturas para la cabeza. ¿Exageran?
Respuesta.– Es una continuidad de la escultura de la cabeza. El sombrero forma parte de la personalidad de cada uno.

P.– Y también quienes afirman que el sombrero se extingue porque ya no hace tanto frío como antes. ¿Verdad o mentira?
R.– Mentira. Ahora mismo el sombrero está muy de moda y es tendencia por diferentes motivos. Además, de por cuestiones estéticas, también por la necesidad de protegerse del sol y de los rayos UVA y otros temas sanitarios.

P.– Lo acaba de apuntar y los dermatólogos también lo han dejado dicho: para cuidar la piel del sol, no basta con echarse crema. Además de evitar estar muchas horas expuesto y de utilizar gafas o de cubrirse con ropa, los expertos reclaman que no falte un buen sombrero, especialmente para los niños, los calvos y las personas con el pelo claro. ¿Se sigue este consejo?
R.– Sí. Y cada día más. De hecho, varios médicos de Santander recomiendan nuestro comercio porque tenemos una gran variedad de artículos especializados con factor de protección 40 o 50 para prevenir los efectos nocivos de sol. La palabra sombrero nos recuerda que hace sombra, pero la sombra en sí no te protege de los rayos UVA.

 

 

Ana Martín en la puerta de Sombreros Albero

 

P.– ¿Quién compra sombreros?
R.– Los sombreros no entienden de género. Si acaso la mujer lo hace más por moda y estilo, mientras que el hombre suele hacerlo principalmente por temas de protección. Si además es joven, viene solo, pero si ya tiene cierta edad, normalmente viene acompañado de una mujer.

P.– Dicen que los sombreros tienen la virtud de adaptarse a cualquier estilo, forma o diseño y que puede ser usado por cualquier persona. Sin embargo, para muchos su imagen sigue asociada a un cierto lujo y sofisticación. ¿Aciertan?
R.– El lema de nuestra empresa es ‘tú tienes tu estilo; nosotros tu sombrero’. De este modo pretendemos definir claramente que hay un sombrero para cada persona. Y no, no es un artículo de lujo. Hay precios para todos los bolsillos. Además, que sea más barato no quiere decir en ningún caso que sea un mal sombrero. Vendemos viseras con protección solar desde 30 euros, que es un precio bastante razonable. Trabajamos un rango de precios medio, que ronda los 60 o 70 euros. El sombrero más caro que hemos tenido, un Panamá Montecristi, costaba 300 euros.

P.– ¿Echa de menos una mayor cultura en torno a este complemento, como la que existe por ejemplo en Francia o Inglaterra?
R.– Creo que, en general, hay un desconocimiento en torno al uso del sombrero. Aunque afortunadamente está empezando a cambiar, hasta ahora muchas personas pensaban que era una prenda clásica y casi exclusivamente para gente mayor. Sin embargo, ahora vemos que lo usan muchas chicas y chicos jóvenes, incluso de noche para acudir a un evento o una fiesta. Es moda. Y nosotros prácticamente vendemos tantos sombreros para él como para ella.

P.– El próximo 25 de noviembre los sombrereros celebran la festividad de su patrona, Santa Catalina. Más allá de conmemorar esta fecha nacida hace más de un siglo en Francia, ¿Hay motivos en el sector para la celebración?
R.– Sí. Porque, como le decía antes, el sombrero ha dejado de ser un artículo un tanto olvidado para pasar a ser un complemento más de moda, igual que pueden serlo un bolso, unos pendientes o un reloj. Estamos contentos por esta de vuelta al sector de la moda.

P.– Un reciente estudio sobre el comercio minorista pone de manifiesto que tres de cada cuatro comerciantes en España temen por su negocio debido al actual contexto económico. ¿Tan mal están las cosas?
R.– A ver. Realmente están mal las cosas, pero hay dos puntos de vista. De un lado, la venta online está haciendo daño al comercio tradicional. Esperemos que un día las personas se den cuenta de que el comercio de cercanía es lo más importante que van a tener. Contribuimos a mantener las calles limpias e iluminadas y a dar vida al centro de las ciudades. Es importante, y por eso quiero recalcarlo, que sepan que los comerciantes cuidamos las calles. Por otro, es evidente que el comercio tiene que evolucionar y reformarse para no quedarse anclado en el pasado. Debemos especializarnos. Nosotros lo somos. En verano podemos tener más de 70 modelos de sombreros Panamá y otros tanto en invierno, además de más de 150 gorras y viseras para un público más joven. El problema es que el comercio actual no está tan especializado. Nosotros, aunque no haya más sombrererías en Cantabria, sí tenemos competencia porque, al ser un complemento de moda, muchas tiendas lo están empezando a incluir en sus catálogos. Y eso está bien. Cuanto más más sombreros haya y se vendan, mejor.

P.– Este informe refleja igualmente que para el 87% de los minoristas independientes las ventas de fin de año representan el acontecimiento comercial más importante del año. ¿También para ustedes?
R.– Sí, aunque en nuestro caso influye mucho el tiempo. Si climatológicamente tenemos un buen verano, vendemos mejor que si llueve. Si viene un turismo de calidad, también vendemos mejor. Nuestras ventas en verano no difieren mucho de las de invierno. Diría que van a la par. Con todo, la temporada reina para nosotros es la Navidad.

P.– Los expertos señalan que los principales retos a los que se enfrenta el sector son, por este orden, la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores, la competencia de las grandes cadenas y los sitios web de comercio electrónico y el aumento de los precios de la energía. ¿Lo comparten?
R.– Creo que el mayor problema que tenemos es la venta del comercio electrónico. El que haya grandes cadenas en las ciudades es bueno porque atrae clientes de la región. Y confío en que la escalada de los costes energéticos, que es verdad que están disparados, sea algo coyuntural. Con la venta online los consumidores se están acostumbrando a comprar desde casa con el ordenador. Creo que esto es un error porque a futuro lo que se va a conseguir es que los locales comerciales terminen por cerrar. La prueba la tenemos en esta misma calle San Francisco, donde ahora mismo habrá alrededor de una veintena de locales cerrados.

P.– En su sector es fundamental probarse el modelo que se busca para ver cómo sienta. ¿El canal online tiene futuro?
R.– Aquí vienen clientes a probarse sombreros que la única pregunta que nos hacen es qué talla utilizan. Se prueban varios modelos y se van sin comprar. A los pocos días, puedes ver a esa misma persona paseando por la calle con un sombrero parecido al que se han probado en la tienda. Es decir, vienen a informarse para después comprar online, aunque la diferencia sea de muy poco dinero. Nosotros tenemos venta online y funciona bien, pero queremos que sea un canal más, no el principal. Hay que ser conscientes de que mantener abierto un comercio lleva aparejados unos gastos de luz, impuestos, y de empleados que la venta electrónica no soporta.

 

Ana Martín en la puerta de Sombres Albero

Ana Martín junto a su marido, José Bustamante

 

P.– Sombreros de hombre, de mujer y para niños. Para eventos y de sport; gorros y gorras, viseras, boinas… ¿Qué dice la moda?
R.– La moda la marca uno mismo con su propio estilo. Probarse y ver qué es lo que mejor te sienta. Con lo que más a gusto estés. Hay clientes a las que le sienta mejor una gorra o una boina y a otros un sombrero. Lo que sí es importante es que las personas lleven al sombrero, no el sombrero a la persona.

P.– Algunos comercios ya extienden la fórmula de precios rebajados y promociones a prácticamente todo el año. ¿Comparten esta estrategia?
R.– Nosotros no aplicamos ningún tipo de descuento a lo largo del año. Nunca hacemos rebajas. Tenemos un producto de continuidad, que además es bastante estable. Nuestra política comercial es vender al precio real del producto. No se puede vender más barato.

P.– ¿Por quién o por qué se quitarían el sombrero?
R.– Por todos aquellos a los que respeto, admiro y quiero. Y por el bien real de las personas.

 

En corto

  • Un sombrero para él

  • Un Fedora

  • Y para ella

  • Una boina

  • Uno para primavera-verano

  • Un Panamá

  • Otro para otoño-invierno

  • Un fieltro de lana

  • Un color

  • Camel