Antes de la crisis sanitaria en supermercados y tiendas de alimentación se pagaba al contado en el 61,2% de las ocasiones. Ahora, en el 45,5%

 

Una de las primeras recomendaciones que nos hicieron las autoridades sanitarias para evitar la transmisión de la Covid-19 fue aparcar durante una temporada el monedero y acostumbrarnos a pagar siempre que fuera posible con tarjetas de crédito o débito. Como se trataba de no andar toqueteando nada, incluso resultaba preferible que nuestras tarjetas contaran con tecnología ‘contactless’. De hecho, la banca recogió enseguida el guante y elevó de 20 euros a 50 euros el límite de cada operación sin necesidad de teclear el PIN.

Hoy, la consecuencia de todo ello, es que por primera vez en España tiramos más de plástico que de efectivo al llenar la cesta de la compra. Según la firma especializada en el análisis de datos Nielsen, si antes de la crisis sanitaria, abonábamos al contado el 61,2% de nuestras compras en supermercados y tiendas de alimentación, ahora ese porcentaje se queda en el 45,5%.

Además de pasar del 38,5% al 54,1% de los pagos, otra consecuencia es que también se ha incrementado notablemente el gasto en las operaciones abonadas con tarjeta, que según Nielsen ya antes de la pandemia era más elevado. Antes, pese a que al llenar el carrito la compra se realizaban menos pagos con las tarjetas, el plástico acumulaba el 54% del gasto frente al 45% del efectivo. Ahora en cambio las operaciones pagadas a través de estos medios suponen el 88% del gasto de realizado por un consumidor medio, de modo que «dos de cada tres euros que se gastan en hacer la compra requirieron de un PIN y solo uno de cada tres de abrir la cartera».

Nielsen no duda en relacionar también este cambio de tendencia al incremento del ‘ecommerce, convertido durante el confinamiento en el único recurso para quienes preferían no pisar un súper. Lo une a otros cambios de hábitos de consumo visto entre marzo y mayo, como espaciar más nuestras visitas a los establecimientos comerciales (un 13% menos) con el consecuente aumento del desembolso realizado cada vez que acudíamos a uno, cifrado en un 20%. Según la consultora, esto supone «un ritmo de visitas a la tienda propio de agosto con compras más propias de la Navidad».

Por otra parte, otro de los efectos de la crisis sanitaria en la cesta de la compra será el crecimiento del mercado de gran consumo por encima del 5% este ejercicio. Si bien, esta tendencia se ralentizará durante el segundo semestre su ascenso con cifras alejadas de las vistas «durante el pico de la pandemia con incrementos del 29% en la fase de acopio y del 17% en la de confinamiento, aún permitirá al mercado crecer al cierre de año prácticamente tres puntos por encima de los registro de 2019, cuando subió el 2,4%».

Fuente: El Correo

29-JULIO-2020