“Las clientas, cuando vienen aquí, pasan un buen rato. Es una comunidad Carot”.

 

Lleva poco más de un año en la tienda, pero siente que siempre ha estado ligada a ella. Apasionada de la decoración y la moda, reconoce que disfruta de su trabajo al frente de un negocio familiar que comparte con su madre y en el que subraya la importancia del trato personalizado. Inquieta y creativa –“tengo muchas ideas y estoy todo el día a ver si me reinvento”, explica–, dice ser fanática de los chalecos y que antes las mujeres gastaban más en ropa. Convencida de que las tiendas físicas no desaparecerán nunca, aunque sí deberán adaptarse a los nuevos tiempos, aboga por decir la verdad a sus clientas –“nunca les diré que una prenda les queda bien si no es así”, afirma– para que se vayan a casa felices y contentas.

 

“En la tienda me pruebo todo antes de comprar nada a los proveedores”

 

“No podemos estar todo el día con ofertas y descuentos

como hacen las franquicias. Nosotras vendemos otras cosas”

 

 

Pregunta.– En tres palabras, ¿cómo describiría la situación que nos está tocando vivir?

Respuesta.– Incertidumbre, por el futuro incierto; reinvención, porque en estos momentos es cuando más toca reinventarse; y superación, necesario para poder triunfar.

P.– Qué es lo que hace diferente a Carot de otras tiendas de ropa?

R.– La experiencia de dos generaciones que trabajamos juntas y el trato personalizado con cada clienta. Somos una tienda muy familiar.

P.– Convenza a una clienta en menos de 140 caracteres.

R.– Encontrarás una cuidada selección de ropa y complementos escogidos con mucho cariño. Disfruta de prendas diferentes y de una atención personalizada (127 caracteres).

P.– Exclusivo y accesible, ¿son dos conceptos necesariamente opuestos?

R.– Cada día son menos opuestos, pero sí creo que cuanta más exclusiva es una prenda, más tienes que pagar por ella. Ahí radica también parte de su encanto, en que no todo el mundo puede adquirirla. Con todo, cada vez hay menos exclusividad.

P.– Los expertos sostienen que esta crisis es una buena oportunidad para volver a poner la moda de moda, para conseguir que ir de compras vuelva a ser divertido. ¿Lo comparte?

R.– Sí, por supuesto. Creo que poco a poco las personas se han ido concienciando y ahora dan un valor añadido a las tiendas de toda la vida. Pero el dinero manda, y no todo el mundo se puede permitir ir de tiendas. Además, las nuevas generaciones no participan tanto de esta visión. Son diferentes, y no tienen tanto compromiso con las tiendas físicas, ni le dan tanta importancia. 

P.– Otros comerciantes aseguran que les gusta probarse la ropa que van a vender en su tienda antes de comprarla. ¿Es su caso?

R.– Absolutamente. Desde que estoy en la tienda me pruebo todo antes de comprar nada. Los proveedores alucinan. Pero hasta que no veo cómo sienta y a que personas puede irle bien, no lo compro. 

P.– La cuota del e-commerce de moda en España está actualmente en torno al 10% y subiendo. ¿A cuánto cree que puede llegar?

R.– Como siempre me decía mi padre, las tiendas buenas seguirán existiendo. Pero sí es cierto que habrá comercios que tendrán menos ropa en tienda y más stock para vender online.  Con todo, creo que tiendas de diferentes rangos de precios tiene que haber en todas las ciudades. Pero abrir ahora una nueva es muy complicado. Existe muchísima competencia. El valor añadido de Carot es el trato personalizado, aunque también hay clientas que me escriben en redes o por correo electrónico pidiéndome que les recomiende, que me pruebe una prenda y les diga cómo sienta o les dé una opción. 

P.– Dicen los especialistas que el aislamiento social provocado por la pandemia ha privilegiado la compra de ropa cómoda por encima de la ropa de ‘calle’ o de uso social. ¿Verdad o mentira?

R.– Verdad. Menos mal que este año no habíamos comprado ropa fiesta. Determinadas marcas que cuenta con una línea de prendas más cómodas y confort que han visto potenciadas su ventas. Ahora prima lo cómodo.

P.– El sector augura que los consumidores de moda cada vez buscan más cercanía y sostenibilidad, marcas con mayor compromiso ético y medioambiental y prendas auténticas, originales y creativas. ¿Lo ve usted también así?

R.– Sí. Quizá este año he exigido más garantías a mis proveedores. Lo cierto es que las clientas cada vez miran más la etiqueta de un producto para ver su composición y se fijan más en la calidad.

P.– Cada español se gasta en ropa una media de unos 430 euros al año. ¿Mucho o poco?

R.– ¡Vaya pregunta! No lo sé. Lo que le puede decir es que antes se gastaba mucho más en ropa, especialmente las mujeres. Con los años han ido perdiendo empuje. Ahora se da prioridad a otras cosas: a comer bien, a la tecnología, a viajar…

P.– Las tiendas acabarán convirtiéndose en showrooms de exposición donde los clientes puedan probarse las prendas y entrar en el universo de cada marca, pero la compra se realizará online y se enviará a casa. ¿Cuestión de años o de generaciones?

R.– Como le decía antes, es posible que a la larga desparezcan alguna tiendas, pero siempre existirán tienda a pie de calle. No pueden desaparecer todas. Pero está claro que hay que reinventarse.

P.– Asesoramiento personalizado, experiencia y touch and feel del producto. ¿Por ahí pueden ir los tiros para que las tiendas físicas hagan frente a las ventajas del canal online, un canal que siempre está abierto, que tiene stock infinito y en el que las comodidades de pago y entrega no representan ya ninguna barrera?

R.– Puede ser, pero yo apuesto más por el trato personalizado. Las clientas, cuando vienen aquí, pasan un buen rato. Es una comunidad Carot. Les asesoro para que se lleven una prenda especial, pero más allá de que finalmente compren o no, potencio que se vayan felices y contentas. Que cuando lleguen a casa no se sientan que les han engañado. Yo no les digo que una prenda les queda bien si no es así. La sinceridad ante todo. Las clientas tienen que salir felices. Eso es lo que más me importa.

P.– Diferentes especialistas en diseño de tiendas y espacios físicos vaticinan que la venta ya nunca más será una transacción sino una relación. ¿Exageran?

R.– No. Es que va a ser así. Hay clientas de mi madre con las que siento que hay un feeling especial. Es una relación muy cercana y lo que estoy convencida va a permitir que la tienda física nunca desaparezca. Mi trabajo es tratar de conocer a las personas y ponérselo fácil, porque hay clientas que no siempre saben combinar bien la ropa o son más inseguras.

P.– Las rebajas, ¿tienen sentido que se extiendan a lo largo de prácticamente todo el año?

R.– No. Así se cargan los comercios. Prefiero que sean como han sido toda la vida: en enero, después de las navidades; y en verano. Las franquicias están todo el día con ofertas y descuentos. En Carot no podemos hacer eso. Nosotras vendemos otras cosas.

P.– El Libro Blanco del Comercio de la UE recoge que irse de compras y hacer turismo son dos actividades que guardan una relación muy estrecha entre sí y que además comparten un mismo escenario: los centros históricos de las ciudades. ¿Se puede sobrevivir sin turistas?

R.– Creo que son una parte muy importante de pequeños negocios como este. En verano, en los puentes… Pero el grueso de mi clientela es local.

 

En corto

 

-          La prenda que más ha amortizado

-          Un abrigo

-          Una imprescindible

-          Un chaleco. Soy una fanática de los chalecos.

-          Y una que nunca se pondría

-          La ropa muy pegada y ajustada. Me gustan las prenbdas más largas.

-          Si tuviera que introducir un elemento masculino en su look sería…

-          Un traje

-          Un complemento

-          Unos buenos zapatos

-          Ponga un color al futuro del comercio local

-          Soy en general optimista. Hay días que lo veo verde esperanza, pero otros muy gris.