“Fabricar un par de zapatos es un muy caro” Premio Comercio Trayectoria 2014.

 

 

“El cliente online es un cliente muy complicado que primero busca precio, luego precio y, más tarde, precio. Y si no, no compra.

Y ese no es nuestro objetivo”

 

La calidad del zapato español es magnífica y a un precio muy económico si lo comparamos con otros productos análogos

fabricados en el extranjero”

 

“El zapato es un artículo bastante fetichista”

 

Hablan a pares. Son hermanos y la cara visible de un negocio familiar que lleva 83 años vistiendo con estilo los pies de una clientela fiel a su oferta de calzado de piel, cómodo y hecho en España. Dicen que el zapato, aunque sea masculino, habla en femenino y que los hombres solo compran en rebajas. Apuestan por el trato personalizado por encima de las ventas online y reclaman a la industria un esfuerzo pedagógico para explicar el proceso de fabricación de este producto que sigue siendo tremendamente artesanal.  

 

Pregunta.– Han hecho camino al andar. ¿Hay alguna senda que nunca más volverían a pisar?

Respuesta.– Seguro que sí. Para estar tantos años en el mercado seguro que ha habido sendas que no deberíamos volver a pisar tanto relacionadas con la propia tienda como con las compras, las estrategias… 

P.– Distribuyen y venden zapatos, pero también participan y colaboran en el negocio del diseño. ¿En qué mundo se sienten más cómodos?

R.– Nuestro mundo es la venta. El diseño es muy bonito, pero nosotros somos comerciantes. Es obvio que lo que vendemos surge a partir de un diseño y de unas estrategias previas. Pero lo que nos gusta es estar cara al público y vender. Los zapatos son un poco vicio. Cuando decides abrir una tienda te preguntas qué es lo que quiero vender; a qué público te quieres dirigir, que al final es el que te va a comprar. A partir de ahí, tienes que diseñar, conseguir, recibir, exponer el producto y comenzar a vender. Digamos que el objetivo final es la venta, pero antes también hay que dar otros muchos pasos fundamentales.

P.– Dos de cada tres profesionales del calzado confían en que la recuperación del sector se inicie en el último trimestre de este año. ¿Cómo lo ven?

R.– Confiamos en que sea así. Si no lo creyéramos, nos tendríamos que reinventar. Se puede tocar fondo, pero esperamos y deseamos que poco a poco se inicie la senda de recuperación. Así lo percibimos. Eso sí, con muchísimo esfuerzo detrás porque ha habido que reestructurar estrategias de compra, de exposición y de estocaje para estar preparados y poder reaccionar ante la más mínima venta. Pero la base es que las personas se animen a comprar, y se están animando. En este sentido, las campañas comerciales del Ayuntamiento han sido sin duda uno de los argumentos que más han favorecido el consumo y animado las ventas y. Como anécdota, le diré que el pasado 11 de octubre, fecha en que caducaban los primeros vales emitidos en la campaña Vale +, ha sido el mejor día de venta de los últimos años. 

P.– Según el Informe del comercio online en España 2021, el calzado es el sector que más ha crecido en Internet, y ya representa el 25% de las ventas. ¿También en su caso?

R.– Le diría que sufrimos ese aumento de ventas online. El problema es que nosotros no tenemos interés en ese tipo de venta. Nuestro producto necesita de un trato personalizado. Tenemos página web pero no estamos ilusionados en potenciarla porque eso no exigiría un esfuerzo adicional tremendo que vendría en detrimento de nuestra atención al público. Quizá podríamos crecer, pero a costa de desatender a nuestros clientes de toda la vida. Y creo que eso sería un error. Por algo llevamos aquí 83 años.  Además, el cliente online es un cliente muy complicado que primero busca precio, luego precio y, más tarde, precio. Y si no, no compra. Y ese no es el objetivo de Calzados Benito. El zapato debe de tener un precio, y debemos respetarlo. A nosotros lo que nos preocupa y ocupa es el trato personalizado.

P.– Dicen que la industria del calzado camina hacia casa. ¿Ningún zapato como el hecho en España?

R.– Las circunstancias derivadas de la covid-19 han frenado las importaciones en general. Por otro lado, el zapato es un producto de pronto moda. Por eso, si se retrasa su entrega porque el productor está en el extranjero, corren el riesgo de quedarse obsoletos. Egoístamente, diría que es de lo poco bueno que ha traído consigo esta crisis. Esto, unido el incremento brutal de los costes de transporte, ha hecho que el zapato foráneo, que ya de por sí no era tan barato, ahora lo sea menos. Es la oportunidad que se le está presentando a los productores nacionales de calzado, que son conscientes de que este es el momento de dar el callo. Porque tienen a los comerciantes españoles preocupados ante el temor de que nos les lleguen las importaciones y buscando, por tanto, zapatos hechos en España que no tengan esos inconvenientes de saber si van a llegar o no a tiempo. Además, la calidad del zapato español es magnífica y a un precio muy económico si lo comparamos con las calidades de otros productos análogos fabricados en el extranjero.

P.– Lo suyo es una moda tranquila sin estridencias. ¿Calidad y comodidad por encima de diseño?

R.– Sí, pero tocamos todos los palos, aunque es cierto que nuestra clientela busca un zapato cómodo, de uso habitual, sin que ello suponga necesariamente que deba ser clásico ni mucho menos anticuado. Quieren que el último de sus problemas sea que les molesten sus zapatos.

P.– Algunos expertos apuntan a que la sostenibilidad será una vía para diferenciarse de la competencia y posicionarse mejor en el mercado. ¿Cree que los consumidores valoran y entienden este compromiso?

R.– Claro que sí. Por eso están tan en auge los temas eco. Ya existen zapatos veganos y respetuosos con el medio ambiente y muchos pisos se fabrican ya con productos reciclados. Una fábrica de calzado del siglo XXI no tiene nada que ver con la de hace unas décadas en cuanto a emisiones de gases y de productos nocivos. Lógicamente la piel es piel y no existe una piel vegana. Lo que sí existen son componentes para fabricar zapatos que sí pueden encuadrarse dentro del terreno de lo vegano. De momento, digamos que no están de moda, pero sí existe en el sector una clara inquietud en torno a este tema.

P.– Pablo Picasso dejó dicho dame el zapato, y yo dibujaré a la persona. ¿Exageraba?

R.– No. Un zapato define muchísimo a la persona que lo lleva, aunque es verdad que en los últimos años se ha difuminando un poco este concepto. La elegancia ahora a veces se confunde con la extravagancia. Pero bueno, es un concepto que para mí sigue vigente. El zapato es muy importante en la vestimenta de una persona y define mucho su carácter.

 

 

 

P.– Empezamos a vestirnos por los pies. ¿Verdad o mentira?

R.– Bueno, primero los calcetines, luego los pantalones y por último los zapatos, aunque solo sea por una cuestión de orden (se ríe). Pero claro que hay personas que empiezan a vestirse por los pies. El zapato es un artículo bastante fetichista. Lo compran, aunque no lo vayan a poner más de dos o tres veces. De alguna forma, podrían acercarse a lo que algunas personas sienten con las joyas, o los bolsos. Y sigue habiendo amantes del calzado. A estos clientes, disfrutas atendiéndoles. Si tienes espacio para guardarlos, nadie tira un par de zapatos.

P.– ¿Calza como vistes o viste como calzas?

R.– Me da igual que me da lo mismo. (se ríe). Todo es muy relativo.

P.– El calzado, ¿un necesario complemento o la base principal del armario?

R.– Un necesario complemento. Es verdad, como decía antes, que hay determinadas personas que le dan mucha importancia, pero no deja de ser un complemento. Afortunadamente, aún no existe la moda de ir descalzo (risas). Bromas aparte, quizá sea la prenda que más cuesta elegir cuando te vas a vestir. ¿Qué calzado me pongo para completar el outfit?, como dicen ahora los jóvenes. En un outfit, el calzado es fundamental.

P.– Las zapatillas, ¿solo para andar por casa?

R.– Si se refiere a las deportivas, en principio deberían de ser solo para un andar digamos de ocio o para hacer deporte. Lo que ocurre es que se han impuesto como artículo cotidiano. Es una batalla perdida, de momento. Pero todo vuelve y llegará un tiempo en que ir con deportivas no sea un outfit moderno.

P.– Dice un proverbio español que bueno y barato, no caben en un zapato. ¿Eran otros tiempos?

R.– Desgraciadamente, en estos momentos los zapatos se están vendiendo por debajo de su coste real. Realmente, ya desde la fabricación, no me explico los precios a los que nos sirven determinados zapatos. El producto del calzado español está en unos precios muy por debajo de su valor. Es un mal endémico que arrastra la industria del calzado. No es lógico que una camisa cueste lo mismo que un par de zapatos teniendo en cuenta todo el trabajo y material que hay detrás de su fabricación. Fabricar un zapato es muy caro porque se trabajan con productos naturales que exigen manos expertas. Pese a los avances tecnológicos, el zapato es un producto tremendamente artesanal. Se han modernizado determinados procesos, pero no se puede estandarizar su fabricación. Trabajas para hacer dos pies –izquierdo y derecho– y diferentes números, y con piezas naturales de piel que tienen dilataciones, taras… No existen dos pieles iguales. En definitiva, es un producto extremadamente barato para todo el trabajo que conlleva. Es cierto que hay máquinas que ayudan y simplifican su elaboración, pero la cadena del calzado necesita de una veintena de operarios para hacer un par de zapatos. Lo que ocurre es que se trata de un proceso artesanal que está mal pagado. Poca gente sabe lo que cuesta hacer un par de zapatos. Es un tema muy desconocido. Por eso digo que veo inexplicable los precios en fábrica. Llevo cuarenta años en este negocio y aún no me explico cómo sobrevive un industrial. Y no hay que olvidar que, al final, los zapatos son el producto rastrero: van por el suelo, se meten en charcos, pisan excrementos y porquerías, los muerde el perro, soportan el peso de una persona, que además en muchas ocasiones no les da betún ni los cuida… Ser zapato es una auténtica faena. Y pese a ello, ¿aún queremos pagar por ellos una miseria? 

P.– En este negocio, ¿sueñan con ponerse las botas?

R.– En el siglo XXI, no. Ponerse las botas hoy en el comercio del zapato y otros muchos sectores comerciales va a ser que no. Entre otras cosas, porque el zapato está muy mal pagado. A esto añádele la competencia desleal de los propios fabricantes que venden online y tienes la respuesta.

 

 

Un poco más

 

-          Un zapato básico

-          Un mocasín, en caballero; y un salón de vestir, en señora.

-          El número ideal de pares

-          Tantos como necesites para protegerel bienestar de tus pies en función de tu actividad. Pero qué menos que tres por temporada, es decir, seis pares al año.

-          El más vendido

-          Depende. Fluctúa mucho. Ya no hay un zapato campeón, pero si tengo que decir uno, diría para nuestra desgracia que los deportivos.

-          ¿Negro o de color?

-          Color, siempre.

-          ¿Tacón o plataforma?

-          Tacón

-          ¿Con o sin cordones?

-          Da igual. En señora, quizá la tendencia hoy en día sea más sin cordones.