“En mi tienda la edad no importa”

De sonrisa fácil y contagiosa, le gusta pintar personajes propios e imaginarse cosas y crearlas. Se dice apasionada del cine clásico y de la lectura; de pasear por la playa y de los perros –“tengo una perra, pero tendría millones”, admite–. Partidaria de peatonalizar las calles, le gustaría que éstas fueran más atractivas estéticamente, convencida de que así los clientes se animarían a entrar en las tiendas. Razonablemente optimista, sostiene que la ilustración cada vez interesa a más público, apuesta por combinar artesanía y tecnología y reclama, en tiempos de crisis, dejar volar un poco la imaginación.

 

 

“Lo que más me cuesta es decidir la idea, porque ideas tengo muchas.

Seleccionar la idea que creo que luego el público va a aceptar mejor. Lo bueno que tengo es que pruebo y testeo mucho. Es la ventaja de tener una tienda”

 

“Me llevo un poco mal con las viviendas de protección oficial y de obra nueva.

Son muy estandarizadas y transmiten la sensación de que ese molde no se va a poder romper nunca”

 

“No creo que ciudades como Santander lleguen a ser lugares tan fríos

y tan racionales como para que no haya hueco para las tiendas y espacios de creación o de autor”

 

Pregunta.– Se define como diseñadora de interiores, ilustradora y creativa. ¿Por este orden?

Respuesta.– Sí, por ese orden. Esa ha sido mi trayectoria profesional. Mi formación académica es esa: soy diseñadora de interiores. Es en lo que he trabajado hasta hace siete años que comencé con el proyecto de ilustración. Pero ahora mismo me siento totalmente ilustradora. Es lo que más me gusta hacer y donde estoy más cómoda. Me dedico especialmente a la ilustración de productos, no de editorial, aunque en su momento ilustré un libro de cuentos.

R.– Su tienda es un mundo diferente y original de moda y complementos para los más pequeños y la casa. ¿La edad importa?

R.– No, en mi tienda no importa. El producto que ofrezco está seleccionado bajo un criterio muy estético y personal, que es el mío. Aunque hay objetos destinados preferentemente a los niños, hay muchas personas adultas a los que también les gusta ese lenguaje y los compran para ellos mismos o para regalar a otro adulto. Por eso, diría que la edad no importa nada, o casi nada (risas).

P.– Su universo creativo no tiene límites. ¿O sí?

R.– ¡Qué difícil! Sí, claro que tiene límites. La parte de creación, como la de casi todos los creativos, está muy íntimamente ligada a mis vivencias personales y el momento que vives. No sé si ese es mi límite, pero es un poco el punto de partida desde el que yo trabajo. A través de mis dibujos intento transmitir qué es lo que me está pasando o qué es lo que yo quiero decirle a los demás.

P.– Albert Einstein sostenía que en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Entonces, ¿ahora toca más que nunca dejar que vuele?

R.– Sí, desde luego. Ahora toca más que nunca usar la imaginación como válvula de escape y como apoyo para poder sobrellevar esta crisis un poquito mejor. Ante la realidad que golpea duro hay que dejar volar un poco la imaginación.

P.– Dicen que la decoración no entiende de clases, sexos y ni siquiera de dinero; solo de tendencias, gustos y sensaciones. Pero, ¿quién es el árbitro del buen gusto?

R.– Si hablamos de decoración, diría que hay trabajos que está bien hechos y otros que no. No se trata tanto de si me gusta o no me gusta. Como en casi todas las profesiones, hay trabajos que los ves y reconoces que están bien hechos con independencia de que coincidan o no con tu criterio estético. No todo vale, aunque al final todos somos un poco decoradores.

P.– La pandemia anticipa un nuevo modelo de vivienda con espacios más versátiles, seguros, abiertos, flexibles y saludables. ¿Todo fluye, nada permanece que diría Heráclito?

R.– Totalmente. La vivienda tiene que cambiar al igual que cambian nuestras vidas: empezamos solos, más tarde tenemos pareja, hijos… Tiene que asumir esa evolución. ¿Hasta dónde puedes ir acondicionando o cambiando de vivienda? Depende claro de la situación de cada uno. No me quiero crear enemigos, pero en este sentido tengo que decir que me llevo un poco mal con las viviendas de protección oficial y de obra nueva. Son muy estandarizadas y transmiten la sensación de que ese molde no se va a poder romper nunca. La verdad, son muy poco apetecibles.

P.– ¿Qué es lo que convierta a una casa en una buena casa?

R.– Una buena casa es en la que te sientes muy feliz. Que cubre tus necesidades y te hace sentir bien y a gusto. Luego ya, en la medida de cada uno y de sus posibilidades, ocurre como en todo.

P.– Dígame tres buenas razones para contratar un interiorista.

R.– Básicamente, aunque parezca una contradicción, el ahorro de dinero y tiempo. Además, creo que es la persona que te ayuda a hacer realidad toda esa fantasía de casa que te gustaría tener intentando cometer los menos errores posibles.

P.–El arte de ilustrar no está suficientemente valorado y pocos son los que pueden vivir de la ilustración. ¿Es así?

R.– Bueno. Ahora mismo creo que afortunadamente sí corren buenos tiempos para la ilustración porque cada vez hay más clientes. Diría que interesa más al público en general. Hay un montón de productos de uso cotidiano en que la ilustración ya está muy presente. En honor a la verdad, no es que corran buenos tiempos, pero sí mejores que hace un año.

P.– En su proceso creativo, ¿qué es lo más difícil para usted: pensar una idea; desarrollarla; hacer pruebas; elegir colores, texturas, formas y soportes; o finalmente ilustrarla?

R.– Lo que más me cuesta es decidir la idea, porque ideas tengo muchas. Seleccionar la idea que creo que luego el público va a aceptar mejor. Lo bueno que tengo es que pruebo y testeo mucho. Es la ventaja de tener una tienda. Por desgracia, en ocasiones mi opinión no coincide con la del público. El riesgo de utilizar un lenguaje muy personal e íntimo es que, al final, muchas personas no entiendan lo que quieres decir y transmitir.

P.- En un mundo cada vez más digital, su apuesta es claramente artesanal. Tecnología y tradición al mismo tiempo. ¿Se puede combinar artesanía con modernidad?

R.– Sí. Es más, se debe. Siempre he sentido curiosidad por el dibujo digital. Me parece un mundo apasionante, maravilloso. A mí me ha costado mucho porque he sido autodidacta. Me encanta, pero me sigue gustando muchísimo dibujar y lo artesanal. Lo artesano es muy rico, tiene una magia que una tablet o un ordenador no te puede ofrecer, pero reconozco que lo digital tiene su punto.

P.– La digitalización de los pequeños negocios ha dejado de ser una opción para convertirse casi en obligación si se quiere sobrevivir al coronavirus. ¿Ha sido su caso?

R.– Empecé con mi página web antes de tener esta tienda física. Lo que ocurre es que yo vengo de muchos años de trabajar cara al público. Y aquí estoy muy cómoda. Por mis recursos y por mi concepto de negocio la web es un bonito escaparate, pero como tienda tengo que reconocer que a mí de momento no me ha funcionado mucho. Seguramente porque no le he dedicado todo el tiempo que debiera. Una web hay que atenderla y dedicarle recursos; de lo contrario, no vale para nada.

P.– El comercio de proximidad, ¿una especie en peligro de extinción?

R.– Quiero creer que no. No creo que ciudades como Santander lleguen a ser lugares tan fríos y tan racionales como para que no haya hueco para las tiendas y espacios de creación o de autor. Es como si también desaparecieran las terrazas. Me parece que es todo lo mismo. El pequeño comercio forma parte del ocio y del disfrute de las ciudades. 

P.– ¿Qué opinión le merece la campaña municipal Vale+ para fomentar el consumo en la hostelería y el comercio local?

R.– Me he apuntado. Me parece bien. Todo lo que sea ayudar es muy bien recibido. Y 750.000 euros es mucho dinero. El problema es que la repercusión en los negocios, ojalá me equivoque, será muy pequeña porque somos muchísimos. Pero la idea es buena. Con todo, sinceramente creo que el Ayuntamiento no tiene potestad para dinamizar el comercio. Depende de los clientes. Lo que sí puede hacer es facilitar y mejorar el entorno. Si la ciudad se pone a disposición de los comerciantes… La calle tiene que ser más atractiva estéticamente. No sé cómo se hace, pero seguramente habrá alguna manera. Luego, las personas comprarán más o menos, pero si me preguntaran tú qué harías en tu calle, seguramente me rompería la cabeza para proponer alguna idea.

P.– Anímese y véndame su marca.

R.– La marca no te la vendo que es mía (se ríe). Lo que te vendo es la posibilidad de que te imagines algo, porque quieres regalárselo a alguien, o recordar o inmortalizar un momento, y eso sea real. Te lo plasmo, te lo pinto, te lo dibujo, te lo cuento… Esa es mi marca: hago realidad tu fantasía.

 

En corto

 

-          El mejor momento para crear

-          Por la mañana. Soy diurna.

-          Un soporte para ilustrar

-          El papel

-          El regalo ideal

-          El que te conmueve

-          Un color para dibujar

-          El negro. Es la tinta

-          Qué no falta en su casa

-          Cuadros

-          Y lo que nunca estará

-          Flores de plástico